Durante tres años, el taller de Peñaflor fue mi refugio. Ahí dolió, florecí, volví a crear. Cada rincón de ese lugar guarda recuerdos de mi historia, de mi adolescencia, de mi vida con mi mamá. Es un espacio que me abrazó y me sostuvo en cada etapa.


Pero algo dentro de mí comenzó a susurrar que era hora de moverme, y esa voz se hizo cada vez más fuerte. Al principio me resistí—¿cómo soltar un lugar que ha sido tanto para mí?—pero la vida, el Universo, Dios, como quieras llamarlo, tenía otros planes.

El nuevo espacio apareció casi de inmediato. No tuve que buscar demasiado, simplemente llegó. Y aunque el miedo intentó frenarme, algo en mí supo que debía confiar. Así que solté y salté.

Hoy, a casi una semana de este gran movimiento, me siento emocionada. Este no es solo un cambio de espacio, es una nueva etapa. Y lo mejor de todo: quiero abrir este lugar para compartirlo con ustedes. Para que juntas creemos, nos encontremos y hagamos de este sitio un punto de encuentro.

En abril llega la nueva colección, mi manera de honrar este viaje. Porque entendí que soltar no es perder, es permitir que lo nuevo llegue. Y aunque da miedo, del otro lado siempre hay algo esperando por nosotras

Si hoy sientes que es tiempo de soltar algo, confía. A veces, lo que parece un final es solo el comienzo de algo aún más hermoso. 💛